Nunca le había hablado de esto alguien, porque siempre pensé que era algo personal, o que talves no le interesaría a nadie. Hace dos domingos aproximadamente, estuvieron en mi casa Samu y Cathy, subimos a mi cuarto, nos echamos en la cama y nos pusimos a conversar de varias cosas. No recuerdo exactamente cómo, pero terminamos hablando de muerte, de entierros y velorios. Cathy me contaba a cuales fue, porque fue, y Samu me decía lo que significó cada uno para el.
Yo solo recuerdo haber ido a un solo velorio desde que tengo uso de razón. Fue un viernes, no sé de que mes y me da verguenza ir a preguntarle justo eso a mi mamá; recuerdo que no había planeado ir, tampoco había estado esperando esa muerte. Aquella noche tenía una pijamada con unos amigos del colegio, iba a ser en mi casa, tuve que llamarlos y pedirles que se demoraran porque me tocaba ir al velorio. Era algo más que necesario que yo fuera.
Supongo que te estarás preguntando quien murió y porqué era tan importante que justamente YO fuera. La hermana mayor de mi abuela materna pasó a la presencia de Dios esa tarde (Si, yo sí creo firmemente que ella está en la presencia de Dios) y sentí en el fondo de mi corazón que era mi deber estar ahí. No soy exactamente la nieta mayor, pero (aunque suene pretencioso) soy la que más tiempo le dedica a los abuelos, y me siento más responsable cuando algo les pasa.
Ese viernes saqué valor de donde no tenía para poder llevar a mi abuela del brazo hacia el ataúd y pudiera ver por última vez a su hermana mayor. Luego la senté en una de las sillas y salí a respirar al patio de la entrada. Recuerdo que hacía mucho frío, ni mi pantalón negro y mi chaqueta del mismo color impedía que una helada recorriera todo mi cuerpo. Me senté al borde de una baranda y me puse a pensar.
Recordaba como mi abuela siempre hablaba cosas lindas de su hermana, y se me vino a la memoria cuando una vez fui a su casa y conocí a su esposo, lo llamaban el 'Príncipe' porque siempre andaba bien vestido, y ese día fui capaz de comprobarlo. Recuerdo que me dijo un montón de cosas, y me contó travesuras de mis tíos abuelos (sus hermanos), pero lo que más me marcó es el amor con el que hablaba de su pasado, con una ternura que no tenía precio alguno.
Esa noche, sin talves haberla conocido tanto como me hubiera gustado, me dolió en el alma que ya no estaría ahí, sentí muy dentro de mi corazón que algo se había perdido, que una parte de mi ser completo había sido arrancada, era alguien de mi sangre que había muerto ahí, y si yo sentía dolor, mi abuela probablemente estaría sintiendolo mil veces más. Recogí mi bolso, que para variar estaba limpiando el piso, me limpié una extraña lágrima que había descendido de mis ojos y fui a sentarme a su lado, me quedé hasta casi las 10 de la noche.
Al llegar a casa, mis amigos estaban ahí, no recuerdo bien si les conté todo, pero sé que muchos sentimientos me los guardé, porque simplemente no sentí que ellos quisieran oírlos o hasta sentirlos conmigo.
Mi tía Rosa dejó un gran recuedo, y una gran marca en la familia, me hizo meditar mucho, ya hace dos domingos que dentro mío la recuerdo y me preparo mentalmente para cuando mi abuela decida unirsele. Hoy ya no lloro por ella, hoy estoy feliz, porque cumplió con lo que tenía que hacer aquí en la tierra, y fue la mejor en lo que Dios le encargó, ser madre, esposa, hija, hermana, tia, trabajadora, todo, ella dio lo mejor de si, y fue feliz en la tierra.
Me gustaría llegar a esa edad con la misma convicción con la que ella llegó, y con todas mis metas cumplidas tal como ella las cumplió. Si me muero, hay algo que si no quiero que sea como lo de ella, no quiero un entierro, quiero ser cremada, no quiero una tumba a la cual me vayan a llorar, yo quiero que el mundo mantenga esa sonrisa que día a día me esfuerzo por darles.
Si perdiste a un ser querido, recuerda lo grandioso que hizo en esta vida, y la marca que dejó en la tuya, aferrate a los buenos recuerdos, no dejes que esa muerte, que seguramente te quitó un pedazo de tu corazón, te haga estancarte. JAMÁS.
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