Esta es la historia de la princesa Marisa, una pequeña heredera que busca encontrar su lugar en la tierra, encontrar su pedazo de felicidad en el mundo. Era hija de los reyes mas estrictos de entre todos los reinos, tenía los cabellos castaños y lacios como su padre, la piel morena y suave como la de su madre. Hace poco había asumido la responsabilidad de heredera, y no se encontraba siempre a gusto con ciertas consecuencias del cargo que ahora ocupaba.
Sus doncellas y los acompañantes siempre le sonreían por cortesía y porque querían agradar a su padre, el rey de su nación. Marisa no tenía miedo a nada, ella era la heredera, todo lo que ella conocía era la realeza, ella había sido educada en las mejores escuelas, con los mejores profesores, no conocía lo ordinario, vivía en un paraíso, vivía bajo el mandato directo de sus padres, sabía a la perfección lo que los mandamientos decían, ella era una princesa, ella era el reflejo de sus padres, ella estaba siempre en el ojo del pueblo, ella era Marisa, la hija de los reyes.
Pero un día, mientras entró de sorpresa al cuarto de las doncellas, las vio reírse con tanta naturalidad, las observo cuchichear sobre mil y un secretos, y algo en ella se activó, algo que ella aun no conocía, y eso era la amistad genuina y desinteresada. Se acercó a ellas, y les pidió que la incluyeran en su conversación, todas se miraron entre sí, y le sonrieron como se le sonríe a la hija del jefe. Con una sonrisa de ‘bueno, no podemos decirte que no’.
Paso un tiempo, Marisa parecía sentirse cómoda con ellas, conversando de ciertas cosas, ellas parecían confiar en ella, pero algo pasó, los reyes la citaron en la sala familiar. No pasaba seguido, ellos siempre atendían al pueblo, y confiaban en que Marisa estuviera haciendo lo correcto. Ella se sorprendió por la llamada y acudió sin poner peros, en aquella reunión sus ojos fueron abiertos, ella estaba conociendo un nuevo mundo, pero ya no todo era color de rosa como siempre lo había visto.
Sus doncellas la habían traicionado, habían vendido sus mas guardados secretos a la gente del pueblo, su corazón había sido expuesto ante todos, ella ya no estaba guardando las distancias, ella había cruzado la línea, y lo que se venía después sería peor. Su padre le cambió de doncellas y acompañantes, y le advirtieron que tuviera cuidado, las palabras, y los secretos que revelamos, en un mundo como el de ellos, siempre tendría efectos colaterales.
Ella había conocido lo maravilloso que era conversar de temas variados con personas de su edad, y quería tener eso a toda costa, lo necesitaba, había vivido tanto tiempo apartada del mundo, que ahora que lo veía de cerca, le gustaba y no quería dejarlo.
Sabiendo que ni las doncellas ni los acompañantes eran de confiar, decidió buscar una heredera de algún reino cercano. Y así encontró a Yeyra, princesa del reino vecino, con sus bucles negros hasta la cintura y su tez como blancanieves. Sin darse cuenta, y sin de verdad planearlo, ambas se encontraron siendo grandes amigas, algo había pasado. Yeyra y Marisa sabían lo que eran, las responsabilidades que tenían, y las consecuencias de cada una de sus decisiones. Ellas eran herederas, tenían el llamado a ser reinas, ellas tenían un futuro ya predestinado.
A pesar de no verse tan seguido por sus respectivas responsabilidades en sus reinos, siempre encontraban la forma de mantenerse en contacto, de buscar un poco de esa amistad genuina y desinteresada. Miraban hacía el mismo norte, con la misma meta de perfeccionarse para alcanzar el trono, para asumir su llamado.
Pero Marisa se descuidó, y miró a otro lado, se había olvidado de lo que había sufrido antes por confiar en sus doncellas, y ahora, uno de sus acompañantes la invitaba a confiar de nuevo. Las nuevas doncellas eran mas reacias, ellas sabían quien era Marisa, y sabían que ella siempre conseguía lo que se proponía, sabían que ella era la engreída del pueblo, sabían que mas alla de ser su princesa, era una intrusa, una persona que tenía autoridad sobre ellas, y simplemente no les agradaba esa idea. De mil y un maneras intentaron quebrarla, era la princesa, pero no era de hierro.
Pretendieron ser sus amigas, nuevamente por el falso compromiso a su rey, pero la mentira no era la mejor cualidad de estas doncellas, siempre terminaban sacando a luz su verdadera realidad, ellas no querían a una princesa como su mejor amiga, ellas querían a una chica normal, que no haya vivido en las alturas, que por naturaleza no fuera diferente a ellas, simplemente no querían ser amigas de una chica que no fue criada para ser como el resto.


